San Cipriano vuelve a reunir a Panes: bolos, Mojinos Escozíos y tres días de fiesta - ayto-penamellerabaja
San Cipriano vuelve a reunir a Panes: bolos, Mojinos Escozíos y tres días de fiesta
En Panes hay citas de septiembre que no necesitan demasiada presentación. San Cipriano es una de ellas. Después de la feria de ganado celebrada el pasado sábado, la capital de Peñamellera Baja se prepara para vivir del 18 al 20 de septiembre sus días grandes, con bolos, verbenas, fútbol, música y encuentros que vuelven a reunir a vecinos y a quienes regresan estos días al concejo.
Y este año hay un nombre que seguramente atraerá también a público de fuera: Mojinos Escozíos, que actuarán en la medianoche del sábado.
Pero reducir San Cipriano a su concierto principal sería quedarse solamente con una parte de la fiesta.
Porque antes de que suenen las orquestas y las macrodiscotecas habrá ocurrido algo que en Panes tiene tanto o más significado: volverán a rodar las bolas en La Plaza.
Más de un siglo tirando bolos por San Cipriano
Si hay una tradición que explica bien lo que significan estas fiestas para Panes es su concurso de bolos.
El viernes 18, a las 15:00 horas, se celebrará el CXXIII Concurso de Bolos de San Cipriano, una cita cuya historia está profundamente ligada a la propia celebración.
No estamos ante una actividad incorporada al programa para completar una tarde.
El certamen está considerado el segundo concurso de bolos más antiguo de España, únicamente por detrás del de Torrelavega, un dato que ayuda a entender hasta qué punto los bolos y San Cipriano llevan generaciones caminando juntos en Panes.
El concurso nació como un acontecimiento popular y fue evolucionando con los años hasta convertirse en una referencia del bolo palma. Por Panes han pasado algunos de los grandes jugadores de esta modalidad y hubo épocas en las que el certamen reunía a participantes llegados de diferentes puntos del oriente de Asturias y de la vecina Cantabria.
La historia conserva además una fecha especialmente significativa: San Cipriano de 1934, cuando se inauguró la bolera municipal de La Plaza y una multitud siguió las tiradas de algunos de los mejores jugadores del momento.
La fiesta cambió. Panes cambió. Los bolos también evolucionaron.
