Estas en:

Atrás El enigmático puñal de La Cerrosa-Lagaña revela conexiones entre indígenas y romanos en plena conquista de la península ibérica

El enigmático puñal de La Cerrosa-Lagaña revela conexiones entre indígenas y romanos en plena conquista de la península ibérica

La escena podría situarse en un paisaje abrupto del norte peninsular, donde la humedad se adhiere a la roca caliza y solo el murmullo lejano del agua consigue romper el silencio. En la ladera de la Peña de la Covatina, una pequeña abertura apenas perceptible conduce a un espacio con una larguísima memoria histórica: la cueva de La Cerrosa-Lagaña. En este refugio, oculto bajo los sedimentos acumulados y en una oscuridad casi total, reposaba un inusual objeto, testigo de un tiempo de conflicto y transformación en la península ibérica.

Durante las campañas arqueológicas desarrolladas entre 2020 y 2023 y en 2025, los investigadores recuperaron una serie de fragmentos metálicos dispersos en la gruta. Una vez reunidas, se demostró que estas piezas formaban un conjunto coherente de extraordinario valor. Se trataba de la vaina de un puñal de filos curvos, acompañada de un complejo sistema de suspensión. Por si esto no bastase para considerarlo un hallazgo excepcional, esta funda de puñal combina las tradiciones indígenas del norte peninsular con el mundo romano en expansión en el marco de las guerras astur-cántabras que enfrentaron a las poblaciones peninsulares del norte con los ejércitos romanos.

La cueva de La Cerrosa-Lagaña: un espacio ritual en el límite

La cueva de La Cerrosa-Lagaña se sitúa en Suarías, en el concejo asturiano de Peñamellera Baja, a unos 350 metros sobre el nivel del mar. Su posición estratégica permite dominar visualmente amplios sectores del valle del río Deva y su desembocadura en el Cantábrico.

Desde el punto de vista geológico, la cavidad presenta una galería descendente de unos 60 metros, con una inclinación acusada que ha condicionado tanto la formación del depósito arqueológico como la dispersión de los materiales. Este factor probablemente explique por qué las piezas del conjunto aparecieron desarticuladas, desplazadas por procesos naturales y postdeposicionales.

La secuencia de ocupación de la cueva abarca desde el Neolítico hasta la Tardoantigüedad. Sin embargo, destacan dos fases de uso durante la Edad del Hierro. La segunda de estas fases, datada entre los siglos II a.C. y I d.C. y asociada a materiales metálicos, restos faunísticos y evidencias de prácticas rituales, es clave para comprender el depósito del puñal.

El conjunto del puñal: una reconstrucción compleja

El conjunto está formado por una vaina de puñal y un cinturón metálico articulado para su suspensión. Aunque la hoja del arma aún no se ha localizado, los especialistas han podido reconstruir el sistema gracias al estudio detallado de los restos recuperados.

La vaina está compuesta por dos láminas de bronce que, reforzadas lateralmente por una cantonera de hierro, cubren el anverso y el reverso. Presenta, además, dos ensanchamientos, a modo de puentes, y una contera discoidal decorada con círculos concéntricos. La decoración incisa, basada en líneas paralelas organizadas de forma distinta en cada cara, revela un cuidado estético notable, mientras que los remaches visibles en el anverso cumplen tanto una función estructural como ornamental. La presencia de barras de hierro con anillas en el reverso, por su parte, apunta a un sistema de suspensión.

Los arqueólogos, además, han detectado reparaciones hechas ya en la Antigüedad, visibles en la variación de los remaches. Esto sugiere que el objeto tuvo una larga vida útil antes de que se depositara en la cueva.

El cinturón articulado: ingeniería y simbolismo

El cinturón está compuesto por placas rectangulares de bronce unidas mediante bisagras machihembradas. Cada placa consta de tres láminas: una exterior decorada, una intermedia troquelada y una posterior lisa. La decoración calada de las placas muestra motivos geométricos con formas curvas que parecen evocar animales en perspectiva cenital. Este recurso iconográfico, repetido y alternado, aporta dinamismo visual al conjunto. Las placas se articulan mediante un sistema de goznes que aporta flexibilidad al conjunto. Dos piezas triangulares (los tahalíes) conectaban el cinturón con la vaina.

Tecnología y materiales: entre tradición y adaptación

El análisis arqueométrico ha permitido determinar tanto la composición metálica como los materiales orgánicos asociados. Así, en el interior de la vaina se conservaron restos de madera mineralizada. El análisis xilológico identificó la especie como madroño (Arbutus unedo), que proporciona una madera dura y resistente.

En lo que respecta a la parte metalúrgica, las piezas metálicas se elaboraron mayoritariamente con bronce con alto contenido de estaño y plomo. Sin embargo, se observan variaciones en la composición entre las distintas partes, lo que indica el uso de diferentes coladas o, quizás, reparaciones posteriores en la pieza. La vaina, en particular, presenta una aleación más pura, sin apenas plomo, lo que sugiere un proceso de fabricación diferente respecto al resto de componentes de la panoplia. La presencia de elementos como el antimonio y la plata en algunas secciones, además, conecta el conjunto con las tradiciones metalúrgicas prerromanas.

Un objeto de transición

La tipología de la vaina sitúa el conjunto entre finales del siglo III a.C. y el siglo I a.C., aunque ciertos rasgos permiten afinar su cronología hacia momentos más tardíos dentro de este intervalo. Las placas del cinturón cuentan con paralelos en contextos militares romanos, como los campamentos de Numancia y Renieblas. Esto sugiere una conexión directa con el ejército romano o con auxiliares indígenas integrados en él.

La panoplia, por tanto, se ha interpretado como un objeto fabricado en un taller indígena para un usuario vinculado a Roma. Este carácter híbrido convertiría la vaina en un testimonio material del proceso de romanización en el norte peninsular.

Significado y función de este singular depósito ritual

El hecho de que el conjunto haya aparecido desarticulado en el interior de una cueva, junto a restos humanos y faunísticos, ha llevado a que se interprete como parte de un depósito ritual. La posible inutilización deliberada del objeto refuerza esta hipótesis. Las cuevas a menudo operan como espacios liminares y de contacto entre lo humano y lo divino, donde lo material y lo simbólico se entrelazan. La deposición de objetos en contextos considerados sacros puede enmarcarse en un contexto de crisis y de transformación, como el que supusieron las guerras astur-cántabras. El depósito del puñal podría interpretarse, quizás, como un acto propiciatorio, una ofrenda en un momento de cambio. Con todo, el estudio minucioso de los materiales y las nuevas campañas arqueológicas podrán esclarecer la cuestión en un futuro próximo.

Referencias

https://muyinteresante.okdiario.com/historia/punal-cerrosa-lagana-conexiones-indigenas-romanos-conquista-peninsula-iberica-guerras-astur-cantabras.html