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Sacrificios humanos y rituales de hace 2.500 años en Asturias

Más restos humanos y evidencias que conducen a un mismo lugar: a que en la cueva de la Cerrosa-Lagaña, en Suarías (Peñamellera Baja) se realizaron unos 2.500 años atrás sacrificios rituales. La segunda campaña de excavaciones en la sima ha aportado nuevos datos al equipo de arqueólogos que durante 17 días de este mes de noviembre ha buscado y hallado. «Han aparecido evidencias de sacrificios humanos, así como más restos humanos», avanza Fanjul, que recuerda las cabezas de dos chicas y la de un varón muy joven que fueron encontradas en la primera campaña junto al bautizado como 'guerrero de Suarías', de un periodo posterior y vinculado con las guerras cántabras. «Nosotros habíamos apostado por que esas dos cabezas de chicas tenían vinculación a un mundo ritual de sacrificios humanos, en consonancia con otros hallazgos asturianos, en la Campa Torres, la sierra del Cuera, de épocas similares, y lo que ha pasado es que hemos encontrado los huesos con las marcas de corte que evidencian la decapitación», señala Fanjul Peraza, que lidera junto a Susana de Luis Mariño, Alis Serna, Olalla López, Silvia Carnicero y Verónica Estaca el equipo de expertos que lleva a cabo la investigación.

Creen que puede haber más restos humanos en ese lugar porque es sabido que, en ese periodo de la Edad del Hierro, las tribus prerromanas que habitaban estas tierras realizaban sacrificios humanos. Pero eso se sabrá más adelante si se repiten las excavaciones. A partir de ahora queda estudiar a fondo todo el material hallado y plantear la continuidad de los trabajos arqueológicos en esta sima de Peñamellera Baja que no para de dar sorpresas desde que fuera descubierta en el año 2017.

Parece indiscutible ya que es uno de los yacimientos arqueológicos de la Edad del Hierro más relevantes de Asturias. Hace cuatro años que Fanjul y Serna lo descubrieron y, tras dos años de empeño, consiguieron los permisos para excavar. Se formó entonces el equipo actual, con expertos de todas las vertientes, incluido el ámbito forense, y de instituciones tan prestigiosas como el Museo Arqueológico Nacional, la Universidad Autónoma de Madrid, el Instituto de Prehistoria y Arqueología Sautuola, la Asociación Española de Arqueología Militar y la Universidad de Santiago de Compostela. El pasado año se acometió la primera campaña arqueológica. En ella aparecieron los cráneos de las dos chicas jóvenes, el niño y el varón con armamento de época.

Se cree que los primeros pueden datarse en torno al siglo V antes de cristo, mientras que el momento temporal en el que vivió el hombre se corresponde con la llegada a ese territorio, controlado por las tribus cántabras, de los romanos. Estiman los arqueólogos que podría ser muy probablemente del siglo I antes de Cristo. Al menos cuatro puntas de lanza y varios enmangues, una vaina de puñal y cuatro piezas de bronce muy similares en su tipología que debieron pertenecer a un mismo objeto, quizás el cinturón del que pendía la vaina con su puña, dos camas de freno de bocado de un caballo que se vincula al mundo romano, una fíbula de bronce muy bien conservada, una navaja y un cuchillo fueron algunos de los metales hallados, que conducían a pensar que podría estar asociado a las guerras cántabras -aunque no está claro a qué bando pertenecía- y que fue enterrado allí con sus posesiones. También está abierta la posibilidad de que fuera un sacrificio ritual o que fuera enterrado allí sin más por sus enemigos.

Ahora, en una segunda campaña, el estudio se centra en los sacrificios humanos que pudieron acontecer en la oquedad. Con todo el material extraído ya listo para el análisis, queda ahora la tarea de datar, ahondar y buscar pistas en los restos humanos, animales, los metales y las cerámicas halladas que nos lleven a conocer mejor la Edad del Hierro en Asturias, que se ha revelado como un lugar con hallazgos excepcionales. Ya el pasado año, cuando se publicó el artículo científico que daba cuenta del descubrimiento, se hablaba de «uno de los enclaves más ricos en evidencias de la fachada atlántica vinculadas a la Edad del Hierro».

Referencias

El Comercio